Columna de Lucho: ¿Qué quieres hacer cuando grande?

Hace 20 años, cuando estaba en tercero año medio del Colegio El Salvador en San Vicente de Tagua Tagua, comenzó una presión constante de familiares, conocidos, profesores (incluido el orientador) con la siguiente y (a ratos) fastidiosa pregunta: bueno, ¿Qué quieres estudiar?, ¿Qué quieres hacer cuando grande? Me la hacían miles de veces, era como la típica pregunta para abrir un momento grato de conversación con los tíos, primos y parientes lejanos, que nos visitaban de vez en cuando al campo.


No lo niego, me iba bien en el colegio, con un promedio general de 6,6 y matemáticas era el ramo que más me gustaba. A esas alturas estaba entre los mejores de la generación y varios profesores me comentaban: “muchacho, tu vas a llegar lejos”, “obvio que vas a estudiar en Santiago”, “con ese promedio, ingeniería o medicina en la Chile o la Católica”.

Gira de estudios - año 2001

Pues bien, la pregunta con el pasar de los meses, ya no era fastidiosa, sino que se tornaba un tanto pesada. Sentía que cargaba una mochila de “ser el primero de la familia en estudiar en las mejores universidades del país”, “llevar el estandarte del colegio subvencionado de provincia”, pero por, sobre todo, saber que con esta decisión (qué estudiar y dónde) iba a decidir el destino, felicidad, y vida de aquí a muchos años más… y eso me aterraba.


Volvamos a esos encuentros familiares. A mi familia paterna le encanta “echar la talla”, hacer bromas, sobre todo con jovencitos como yo, que creía (más de lo que debería) lo que decían los grandes. “¿Qué vas a estudiar?, ¿pedagogía?, ¿quieres ser profe?, si los profes se mueren de hambre, están siempre alegando y con semejante promedio te has a echar a perder”, “¿ingeniería comercial? Peor, me llegan miles de currículum a mi oficina de ingenieros comerciales, levantas una piedra y salen miles. De seguro serás taxista porque “pega” para comerciales, no hay”. Ante semejanza advertencia en tono broma y en tono verdad, quedaba peor. O sea, preguntas fastidiosas + peso escolar + bromas = un cóctel de desesperanza inimaginable.


Ingeniería comercial o pedagogía era mi decisión, ¿por qué?, porque me encantaba (y me encanta) enseñar e ingeniería comercial porque “era bueno con los números y me iba bien en matemáticas”. ¿Dónde? La universidad que exigiera más puntaje, la más difícil de entrar: La Católica (y justamente era hincha del club de futbol) así que, decisión resuelta y fin del tema.


Durante esta semana (martes 24 a viernes 27), estamos celebrando las Terceras Jornadas de Jóvenes Líderes y Líderes Empresariales vía online, evento organizado por Grupo Ciencia más Diálogo y Fundación Generación Empresarial. Se están conectando más de 300 jóvenes de todo Chile, que hoy tienen algún puesto de liderazgo en sus escuelas y se reúnen con más de 50 líderes empresariales que dan sus consejos y visión de la vida, más allá del cargo y la posición que hoy ostentan.


Y la historia se repite, en sus conferencias también mencionan a esos “parientes bromistas”, “esa carga del futuro”, o “las exigencias de sus padres”. Como todo ser humano, también tomaron buenas y malas decisiones y hoy con mucho orgullo muestran un camino exitoso, pero también de mucha constancia, perseverancia, resiliencia y de esfuerzo, donde en estos breves minutos, frente a una pantalla, motivan a otros jóvenes a cumplir sus sueños, independiente de lo que le digan a su alrededor. Ya sea ser profesor o bien crear la empresa más grande de Chile.


Yo hubiese agradecido mucho participar en este tipo de iniciativas hace 20 años, fui presidente de curso y me cargó. Pero más allá de eso, conectar con personas motivadas, cracks en sus rubros, y fundamentalmente empujarme a creer en mi convicción, de hacer lo que quisiese, firmemente y con argumentos.


¿Cómo me fue con mi decisión universitaria?, Me la jugué durante cuarto medio, saqué un muy buen puntaje en matemáticas y quedé en la Universidad Católica, estudiando ingeniería comercial. Me propuse una meta y la cumplí, fue mi primer gran desafío. Un orgullo enorme y sobre todo para mi familia.


¿Taxista? No lo descarto, podría colaborar en un sistema tipo Cabify o Uber con autos autónomos.



La columna de Lucho.

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