Evidencia de participación en escuelas, voluntariado, votación y participación comunitaria

Entre los muchos propósitos de la educación pública, está el de apoyar el funcionamiento de la sociedad a través de la formación de ciudadanos informados y socialmente comprometidos que sean capaces de contribuir al bien público a través de los procesos democráticos, entre otras acciones. Estas razones han llevado a poner énfasis en investigar acerca del desarrollo cívico en los colegios, lo que ha logrado identificar distintas prácticas que aumentan el conocimiento e interés cívico entre los jóvenes, incluyendo el compromiso político. Este se mide a través de la probabilidad de ir a votar, un acto fundamental para el funcionamiento de gobiernos democráticos, para asegurar la representatividad de la ciudadanía y reducir desigualdades entre grupos minoritarios y el resto de la sociedad.


A partir de esto, la autora Siegel- Stechler (2019) explora la relación entre los jóvenes que toman educación cívica y participación extracurricular, tal como el voluntariado, en la enseñanza media (escuela secundaria) y la probabilidad de voto cuando son adultos jóvenes, dada la baja participación electoral de personas menores de 24 años en Estados Unidos. Para llevar a cabo su estudio, la autora se basa en los datos de una encuesta representativa a nivel nacional, llamada Comisión del Voto y Conocimiento Cívico de Jóvenes, la cual fue llevada a cabo el año 2012 tras las elecciones nacionales. La encuesta había sido llevada a cabo por el Centro de Información e Investigación en Aprendizaje y Compromiso Cívico, perteneciente a la Universidad de Tufts y Encuesta Universal, Inc.


La muestra se basó en las respuestas de 4483 jóvenes pertenecientes al rango de edad de los 18 a los 24 años. En esta encuesta, los jóvenes debían responder si habían participado en las elecciones que fueron llevadas a cabo previo al estudio, es decir, definirse a sí mismos como votantes o no votantes. Su respuesta de voto fue usada como variable dependiente, mientras que las variables independientes fueron las de prácticas de educación cívica en el colegio, tanto en clases obligatorias como de manera extracurricular. De los resultados más importantes obtenidos, de aquellos estados de EE. UU más politizados, un 90% de los colegios públicos ofrece educación cívica, mientras que aquellos estados menos politizados, solamente un 68% de los colegios públicos ofrece educación cívica.


Al asociar las variables mencionadas anteriormente, el hecho de tomar educación cívica en la enseñanza media aumenta en un 5,4% la probabilidad de voto al ser adulto joven. En cuanto a las actividades extracurriculares, cada grupo al que un joven secundario pertenece aumenta en un 2,4% la probabilidad de voto siendo un adulto joven, mientras que pertenecer a un grupo con conciencia en temas sociales o políticos, aumenta en un 6,3% la probabilidad futura de voto. Es decir, el hecho de que los colegios cuenten con educación cívica y los estudiantes tengan la opción de poder tomar esos cursos sí marca una diferencia en su comportamiento futuro, lo que nos podría ayudar a construir una sociedad más representativa.


Muchas sociedades democráticas occidentales han experimentado una baja en la participación electoral y en la membresía de partidos políticos, especialmente por parte de las generaciones más jóvenes. No obstante, han emergido cada vez más formas no institucionalizadas de participación política. Debido a esto, los autores Hooghe y Dassonneville (2013) asumen que los adolescentes tienen más motivación en participar en estas formas no institucionalizadas de participación política como, por ejemplo, activismo en distintos temas y comunidades virtuales, entre otros. También se preguntan el por qué las generaciones jóvenes tienen mayores tasas de abstención en la participación electoral, ya que, si los ciudadanos no votan en la primera vez que tienen la oportunidad de hacerlo, es poco probable que tomen el hábito de votar en el futuro.


A partir de esto los autores deciden investigar acerca de las intenciones de adolescentes de 14 años en participar en los procesos electorales, a través de ver su intención de voto en las futuras elecciones, si se presentarían cargos políticos y si participarían en partidos políticos. Para ello, utilizaron la información de 72.466 adolescentes de 22 países de la Unión Europea, obtenida del Estudio Internacional de Educación cívica y Ciudadana del año 2009, llevado a cabo por la UNESCO. Los datos del estudio les permitieron investigar acerca de las determinantes individuales de la intención de participar, las características de cada colegio al que asisten los adolescentes y las características del sistema político y del sistema electoral de cada país, para medir si tienen un efecto en las actitudes e intenciones de comportamiento en los adolescentes. El foco de los investigadores fue el comportamiento electoral futuro de los jóvenes estudiados a partir de la intención de voto auto reportada de los adolescentes.


Los resultados son diferentes en cada país, ya que, en promedio, un 80% de los estudiantes indica que sí van a votar en las elecciones nacionales a futuro, pero se especifica en cada país, ya que en Bulgaria un 77,3% de los adolescentes indica que va a participar en las elecciones nacionales en el futuro, mientras que en República Checa este porcentaje desciende a un 66,8%. Además, los jóvenes indicaron que, en promedio, solamente un 60% de ellos estaría interesado en participar en las elecciones del Parlamento Europeo. Otra información que llama la atención es que, aunque en promedio un 72,9% de los adolescentes indica que va a tratar de obtener información acerca de los candidatos antes de las elecciones, en promedio solamente un 20% estaría dispuesto a presentarse como candidato o unirse a algún partido político. Generalmente, quienes muestran más interés en participar son los adolescentes pertenecientes a grupos socioeconómicos altos y las niñas. A pesar del alto interés en participar a futuro, generalmente llegado el momento de participar, el porcentaje disminuye bastante, ya que la obligación de registrarse como votante y tener un papel en todo el proceso podrían eventualmente ser elementos que disuaden la participación, entre otros factores.


Por otro lado, los autores Oosterhoff y Wray- Lake (2019) se enfocan en otra arista del problema, ya que se centran en aquellos adolescentes que tienen una preferencia por el riesgo, lo cual se puede conectar con comportamientos sociales positivos, tal como el compromiso político. El compromiso político puede ser un comportamiento riesgoso, ya que se basa en influenciar a personas e instituciones por el poder que se tiene en cuanto a la toma de decisiones de distintos temas, pero puede que no se tenga éxito y ser rechazado por los pares y la familia. Por esta razón los jóvenes con mayor propensión al riesgo tienen más probabilidades de involucrarse en política en comparación a aquellos jóvenes aversos al riesgo. Los autores utilizaron a los jóvenes propensos al riesgo como variable independiente y la involucración en la política como variable dependiente.


Para poder estudiar dicha relación, los autores se basaron en los datos de una muestra representativa a nivel nacional (en EE. UU) de los estudiantes de último año de secundaria para poder examinar la asociación entre los jóvenes con preferencia al riesgo y las distintas formas de compromiso político, como la participación en movimientos sociales, caracterizada histórica y globalmente por componerse en gran medida por personas jóvenes. Los autores usaron los datos de un estudio llamado Monitoreando el Futuro llevado a cabo por la Universidad de Michigan. Tomaron los datos de 39 olas del estudio, desde los años 1976 al 2014, con la información de 109.574 estudiantes, tanto de escuelas públicas como privadas a lo largo Estados Unidos. Como resultados principales, los autores descubrieron que la forma más común de participación política es la elaboración de documentos escritos para el gobierno, con un 10,5%, seguido de la votación, con un 7,4%. En general, respaldar una ideología más liberal, participar en actividades organizadas, realizar servicio comunitario y contar con un mayor interés político, se correlacionan con una mayor participación política y social. El interés político es el que tiene la relación más fuerte, ya que se relaciona en un 16,7% con votar. La participación electoral es la única variable que se correlaciona con todas las actividades. Además, la asociación entre la preferencia por el riesgo y el comportamiento de voto según el interés político, de aquellos jóvenes que tienen mucho interés político, existe una asociación del 5% entre preferencia por el riesgo y comportamiento de voto. Sin embargo, la preferencia por el riesgo se asocia de manera más fuerte con la participación en movimientos sociales que a las actividades políticas estándar.


Para los autores la participación en la política por parte de los jóvenes es de gran importancia para el funcionamiento de la democracia, ya sea de manera convencional, a través del voto, o de manera no convencional, como lo es la participación en movimientos sociales. Además, la preferencia por el riesgo puede otorgarles a los jóvenes el coraje para confrontar injusticias y problemas sociales de formas que impactan positivamente a la comunidad o sociedad. Es por estas razones que se refuerza la idea que realza la importancia de la participación política entre los jóvenes y adultos jóvenes.


Respecto a la relación entre los cursos tomados en la enseñanza secundaria y la participación en política, los autores Bobkowski y Miller (2016) se basan en la relación entre las clases de periodismo en la enseñanza media y el compromiso cívico en la adultez temprana para llevar a cabo su estudio, ya que el 88% de los colegios de enseñanza media en EE. UU cuentan con clases de periodismo dentro de su currículum. A partir de los datos obtenidos de la encuesta representativa a nivel nacional del Estudio Longitudinal de Educación del año 2002, llevado a cabo por el Centro Nacional para Estadísticas de la Educación, los autores se basaron en una muestra de 9680 adolescentes, pertenecientes a 690 colegios alrededor del país.


Los autores definieron para el estudio el compromiso cívico como propensión al voto y ser voluntario en algún grupo comunitario. Al combinar las variables, se obtiene que las clases de periodismo en el colegio aumentan en un 9% la probabilidad de voto en sus alumnos, las clases de debate aumentan la probabilidad de voto en un 8% y las clases de gobierno en un 5%.


La relación entre los cursos mencionados y la probabilidad de voto radica en que aquellos estudiantes que toman esos cursos suelen estar informados acerca de la contingencia nacional y estatal, desarrollar una opinión y estar más comprometidos con su comunidad, lo que se traduce en que aprovechan las instancias de participación política, como lo es la votación.


Los autores Donnelly, Youniss y Atkins (2007) examinan la relación entre las experiencias en la escuela secundaria con la participación cívica en la adultez temprana. Las experiencias en la escuela secundaria pueden ser la cantidad de cursos de educación cívica, servicio comunitario y participación en actividades extracurriculares, diferenciando entre el servicio comunitario de carácter voluntario y aquel que es obligatorio en el colegio. Los autores midieron el efecto de estos diferentes tipos de actividades extracurriculares sobre la participación cívica posterior de los alumnos, para estimar la relación entre estos cursos y la propensión de voto en el futuro, específicamente 8 años después de que los alumnos estuvieran en educación secundaria.


Para llevar a cabo este estudio, los investigadores se basaron en los datos del Estudio Longitudinal de Educación Nacional en Estados Unidos, específicamente aquellos entre los años 1988 y 2000, con una muestra representativa a nivel nacional de 12.144 estudiantes de octavo básico, tanto de escuelas privadas como públicas a lo largo del país. Se compararon las respuestas obtenidas el año 1994, 2 años después de que la mayoría de los estudiantes se haya graduado, y del año 2000, 8 años después de que la mayoría de los estudiantes se haya graduado. De los principales resultados obtenidos, un 46% de los 6925 estudiantes encuestados durante el año 2000 sí fue a votar en al menos una elección local, estatal o nacional de los últimos dos años, y un 24% de los encuestados había sido voluntario en alguna organización de servicio cívico o comunitario durante los últimos 12 meses. Además, de aquellas personas que tenían 26 años durante el año 2000 y participaron en las elecciones presidenciales de ese mismo año, casi un 55% no participó en actividades de servicio comunitario durante la enseñanza media, mientras que casi un 70% de los que fueron a votar durante el año 2000 participó en estas actividades de manera voluntaria.


Para muchos autores, el voto es considerado como el deber cívico más importante, ya que es la forma principal de participación política, junto con la participación en servicios comunitarios voluntarios. Además, ayuda a crear ciudadanos más informados en el funcionamiento del gobierno, acerca de distintos temas políticos en general y de las necesidades de la comunidad.

REFERENCIAS


  • Siegel-Stechler, K. (2019). Is civics enough? High school civics education and young adult voter turnout. The Journal of Social Studies Research. July 2019, Vol. 43 Issue 3, p. 241- 253

  • Hooghe, M., & Dassonneville, R. (2013). Voters and Candidates of the Future: The Intention of Electoral Participation among Adolescents in 22 European Countries. University of Leuven, Belgium. YOUNG, 21(1), 1–28. SAGE Publications and YOUNG Editorial Group.

  • Oosterhoff, B., & Wray‐Lake, L. (2019). Risky Politics? Associations Between Adolescent Risk Preference and Political Engagement. Child Development. Volume 00, Number 0, Pages 1-19.

  • Bobkowski, P. S., & Miller, P. R. (2016). Civic Implications of Secondary School Journalism. Journalism Mass Communication Quarterly, 93(3), 530–550

  • Hart, D., Donnelly, T. M., Youniss, J., & Atkins, R. (2007). High School Community Service as a Predictor of Adult Voting and Volunteering. American Educational Research Journal, 44(1), 197–219.

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