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Participando Contribuyo y Crezco

25 Nov 2019

 

 

 

En la búsqueda de estrategias para mejorar el bienestar socioemocional de las y los estudiantes, y así mismo potenciar sus habilidades de liderazgo, hemos hallado que la participación cumple un papel fundamental, por lo que requiere ser analizada. La participación es un proceso mediante el cual los individuos forman parte de la toma de decisiones, asumiendo responsabilidades que apuntan al desarrollo de una comunidad. (Ferullo, 2006). 

 

Según lo propuesto por Barber (2009) el bienestar de los jóvenes está intrínsecamente relacionado con su participación en actividades que les proveen satisfacción. La asociación, en un sentido cultural, influye social y emocionalmente en ellos y ellas. Se han identificado cuatro dimensiones que capturan estos componentes: en primer lugar, la membresía, la cual da cuenta del sentimiento de pertenencia a una comunidad, produciendo un sentimiento de seguridad emocional. En segunda instancia, la influencia, identificada como la oportunidad de los individuos de participar en la vida comunitaria, dando su propia contribución en una relación recíproca. Tercero, la integración y satisfacción de necesidades, es decir, los beneficios que las personas obtienen de su membresía en una comunidad. Y por último, la conexión emocional compartida, que el autor define como el intercambio de una historia común, eventos significativos y la calidad de los lazos sociales. 

 

Además de contribuir en el bienestar socioemocional de les jóvenes, se ha demostrado que la participación influye positivamente en los resultados académicos y en la participación electoral. Lamas (2015), establece que el rendimiento escolar se relaciona con la participación activa de los alumnos y alumnas, la cual sólo es posible con la actuación adecuada de los y las docentes. Estos/as deben ayudar a los estudiantes a construir activamente el conocimiento y a ser conscientes de sus modos de aprender, lo que supone cederles progresivamente el control de su propio aprendizaje, preparar preguntas para suscitar la discusión, y planificar actividades que requieran la participación activa del alumno. De esta forma, se genera un mejor clima social escolar en las aulas, que como exponen Cornejo y Redondo (2001), influye positivamente en los resultados académicos. La participación y la convivencia democrática son ejes centrales para mejorar el ambiente en las salas de clases y con ello el rendimiento.

 

En relación a la participación electoral, son múltiples los estudios que demuestran la relación que existe entre la participación, en un sentido amplio del concepto, y la intención de votar. En una investigación publicada en The Journal of Social Studies Research, Siegel-Stechler (2018) demuestra que las experiencias individuales de aprendizaje cívico en la escuela secundaria se asocian con una mayor participación electoral en la edad adulta. Así, participar en actividades como, clases de educación cívica, proyectos de servicio escolar, grupos sociales y políticos, aumentan las probabilidades de votar siendo un adulto/a  joven. El servicio comunitario también influye en estas probabilidades, tal como establecen Hart, Donnelly, Youniss y Atkins (2007), tanto el servicio comunitario voluntario como el requerido apuntan a una mayor participación electoral. 

 

Por otra parte, también existen características individuales que nos hacen más propensos a votar o a participar en una campaña. Según un estudio publicado en la revista Child Development (2019), respaldar una ideología política más liberal, participar en actividades organizadas -ya sea artísticas, deportivas o religiosas-, realizar servicio comunitario y contar con un mayor interés político, se correlacionan con una mayor participación política y social. Dentro de esta misma temática, Hooghe y Dassonneville (2013), confirman la importancia de variables socioestructurales como los años esperados de educación, la cantidad de libros que tengamos en casa y la confianza que le brindamos a la política.

 

Como vemos, las actividades sociales inciden significativamente en la probabilidad de votar de los y las jóvenes, ya que estimulan su mirada crítica, y con ello sus ganas de poder realizar un cambio. Aún así, existen características individuales y variables socioestructurales que también deben considerarse, ya que el interés por participar en cualquier tipo de actividad, también depende de la motivación previa que tiene el o la estudiante. 

 

Considerando todo lo anterior, es posible determinar que la participación es un concepto clave para desarrollar habilidades socioemocionales y de liderazgo, ya que estimula la toma de decisiones en los y las estudiantes, y con ello, un sentimiento de pertenencia y contribución que conlleva al bienestar individual y social. 

 

 

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